Después de una muy
tardía llegada a Cuzco (5 horas), y no menos accidentada (pinchazo de
rueda y desprendimiento de una
puerta lateral del autocar que golpeó a otro autocar, con la consecuente parada
de la policia y negociación entre las partes), me levanté en Cuzco y paseé por
una ciudad que tiene un encanto muy especial.
Ahora ya más
descansada contraté el tour del Valle Sagrado que incluía las visitas a las
ruina de Pisac, las de Ollantaytambo y el pueblo de Chinchero.
Me recogieron al
día siguiente a hora temprana y fuimos haciendo diferentes paradas para ir
reuniendo a los diferentes viajeros que aquel día disfrutarían de este
maravilloso lugar.
René fue nuestro
guía durante el día, y su gran sabiduría sobre el Perú y su cultura me
sorprendieron muy gratamente, además su lenguaje literario y lleno de palabras
quechuas que quizás en algún momento podía cansar al viajero, quedaba
perfectamente equilibrado con las anécdotas que nos explicaba ocurridas en sus
innumerables días de guía en el Valle Sagrado.
A 60 km de Cuzco
visitamos la Roca Sagrada. Allí René nos explicó que Cuzco quiere decir Ombligo
del mundo, el centro del centro, lo sagrado por excelencia. Nos habla del baño
espirutual de peruanismo que supone visitar el lugar sagrado, y que ningún peruano
debería salir al extranjero sin antes haber visitado la ciudad de Cuzco. El
Valle Sagrado también es sinónomo de manantial de sanación, de puente oculto, y
algunos cuentan que el lugar es el reflejo en un esperjo de la Vía Láctea. El Valle Sagrado se
prolonga entre dos extremos: Písac y Machupicchu, a lo largo de 100 kilómetros
con una alta concentraciónde monumentos edificados por el Imperio de los Incas.
Nuestra primera
parada fue Písac y la visión de sus ruinas es preciosa. Sólo llegamos a la
entrada dónde nos hicimos la foto de rigor y me quedé con las ganas de seguir a
los turistas que ya habían llegado y que caminaban por el sendero en la montaña
que los llevaba a una ciudadela inca. Nuestro guía nos recordó que el día era
largo y muchos los lugares por visitar, así que volvimos al autocar para pasear
por el pueblo de Písac, y visitar su famoso mercado al aire libre de artesanía,
que es con diferencia el más grande y turístico de la región.
El autocar nos
lleva tras unos 50 kilómetros amenizados y culturizados por René a
Ollantaytambo, uno de los mayores complejos arqueológicos del Perú. El recorido
por las ruinas es más largo y tengo la sensación de que profundizo un poco más
en el conocimiento del lugar. Además de contemplar unas piedras enormes perfectamente
encajadas que no puedo evitar preguntarme cómo demonios fueron llevadas hasta
allí, puedo contemplar un monumento de 140 m de altura esculpido en la montaña:
es el perfil de Tunupa, un personaje dotado de sobrenatural poder, alto, de
cabello corto y vestido a la usanza de los sacerdotes y astrónomos. Por otro
lado, este lugar, con sus gigantescas y empinadas terrazas fue uno de los pocos
lugares donde los conquistadores españoles perdieron una batalla importante.
Los hombres de Pizarro fueron acribillados con flechas, lanzas y piedras desde
lo alto de la inclinada terraza. Pizarro tuvo que ordenar una rápida retirada
que se convirtió casi en huida cuando los conquistadores fueron perseguidos
valle abajo por mles de los victoriosos soldados del rebelde Manco Inca.
Mientras nos
desplazamos hasta Urubamba para degustar un almuerzo, René nos cuenta que en el
2010 el río Urubamba se desbordó y algunos turistas quedaron aislados después
de que el puente se desmoronase. El nuevo puente todavía está en construcción.
Nos habla de la bandera de 7 colores que la mayoría de turistas confunde con la
bandera gay, pero que en esta
ocasión, representa los colores de los departamentos del Cuzco. Asímismo, nos instruye
del tipo de paredes que se construyen, para protegerse de los terremotos con
piedras machanbradas, de los canales subterráneos que regaban las terrazas, del
tipo de cultivos segun la presencia o no del agua: maiz si había agua o patata
si no era el caso. En nuestro camino hacemos un parada para contemplar un
cementerio peculiar: son agujeros en las rocas, dónde se enterraban a los
nobles, ya que al pueblo llano se les enterraba en la afueras de los pueblos en
fosas comunes. René llama nuestra atención para que observemos los toritos de
Pukara, unos adornos que se colocan en los techos de las casas al estrenar la
vivienda que bendicen y protegen la casa, trayendo buen augurio, fertilidad y
abundacia en las cosechas. Finalmente nos hace una curiosa apreciación:
mientras que para los Incas el valor de estos lugares es ceremonial, el resto
del mundo le da un valor de maravilla del mundo, sin duda, dos visiones
diferentes.
Llegamos al
restaurante donde todos se supone debemos almorzar, pero yo, harta de “pasar por el aro” en
estas cuestiones (no me gusta que alguien decida por mi dónde debo comer),
informo a René que comeré en otro restaurante y que sin falta estaré en la
puerta del restaurante dónde todos comeran a la hora indicada por él. Sin mayor
dificultad, encuentro un restaurante que está justo al lado del primero y
almuerzo una ensalada y un pollo
por una cuarta parte el precio que pagaran mis compañeros, por un menú más
suculento, no lo niego.
En la tarde
visitamos y tomamos fotos de otros lugares y no puedo evitar una sonrisa ante
la manera en que René nos apremia: “Pasos largos, papi, mami, para ganar
tiempo”. Nos explica que el Perú tienen la mejor producción mundial de millo,
pero ya no de patata, ahora es China, nos explica que la Chicha, es una especie
de cerveza que se hace del maiz y que es una bebida ceremonial, mientras que la
hoja de coca contiene calcio y proteínas.
Al anochecer
llegamos a Chinchero, mientras cruzamos la plaza, oímos como las chicas jóvenes
que se encuentran en la plaza con sus productos artesanales nos interpelan:
“Señorita, cómpreme algo, mire señorita, está hecho de alpaca...” Miramos de
soslayo y continuamos nuestro camino hasta la iglesia que me fascina,
especialmente sus techos pintados a mano, formados con troncos que muestras
alegres colores. Además me
sorprende encontrar una pintura de Montserrat, sí la misma virgen catalana,
aunque esta vez la pintan con tez clara. Esta, es como otras, algunas de las
influencias que los conquistadores dejaron en la población indígena, en
concreto de la orden de los jesuítas.
La visita a
Chinchero me resulta encantadora y la mejor forma de acabar el día, pero
algunas sorpresas todavía están
por llegar: en nuestro camino hacía Cuzco, René nos ameniza con música , y saca
un par de instrumentos tradicionales e interpreta algún tema que para ser
justos es demasiado moderno, pero eso sí, conocido por todos. Nos anima a
acompañarle con las palmas y todos lo hacemos . Ha sido un día estupendo y me
siento muy emocionada. Me ha encantado visitar todos esos lugares y sobretodo
hacerlo de la mano de alguien que se ofrece a compartir su
sabiduría desde el conocimiento profundo. Al bajar del autocar, me acerco a René,
le doy un fuerte aprentón manos y las gracias por un día tan especial. Le digo
que es un gran profesional y que he pasado un día realmente agradable. Un día que será difícil de olvidar.
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